Magia. Esa particular habilidad que tienen algunos seres humanos para dejar en rídiculo a las leyes más elementales de la física, química y vaya usted a saber cuántas enredadas ciencias más, mientras al mismo tiempo dejan a todos los que la observan boquiabiertos y preguntándose donde carajo está el truco. La magia es algo que escapa de lo humano, de lo ordinario, de lo común y de allí la inevitable atracción que genera en el ánimo y en la vida de la gente corriente.
La magia está en todos lados, dicen los expertos. Y no se equivocan, ciertamente, por algo son expertos. En la tarde de ayer, alrededor de 13.000 almas reunidas en el Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria volvieron a ratificar el carácter onmipresente de áquella.
Y es que no otro epíteto se le puede dar a lo observado y vivido ayer en el coso de Villanueva. Un perfecto y completo acto de magia se fue desarrollando paulatinamente ante los ojos de todos los presentes al coliseo moderno de nuestra época, la cancha de fútbol, en el juego, o mejor dicho, en la lucha a muerte entre el gladiador rojo de la capital, el Caracas FC, y el gladiador venido de tierras mas orientales, el Deportivo Anzóategui, jugándose nada más y nada menos que la vida en el cada vez más agonizante Torneo Clausura de la Primera División del fútbol venezolano.
Una primera parte del acto de magia vino dado de manera inconsciente e involuntaria por demás, por parte de la marea humana ataviada de rojo y negro que se acercó al estadio a apoyar al equipo de sus amores. Y es que el observar el río de gente entrando y fluyendo a través de las añejas puertas de acceso del estadio, con banderas, con franelas, con gorras, bufandas y cualquier cosa que los identificara con el Rojo de la capital, presenta para los que están viendo éste fútbol desde hace tanto tiempo, todas las características de un gran acto de magia de parte de ésta ciudad que hasta hace no más de cinco años, ni se acordaba que tenían un gladiador que domingo a domingo dejaba su sangre y su sudor por ellos en cualquier cancha de esta Tierra de Gracia.
Pero la magia no se quedó allí. Porque en realidad ese torrente humano vestido de rojo y negro no venía con ninguna intención de dejar en ridículo una vez más a las leyes de la naturaleza. Al contrario, ellos venían a ver magia, ellos querían abrir su boca de par en par y aplaudir a rabiar. Querían sorpresa, querían que les alegraran la tarde.
Y el que busca definitivamente encuentra, porque por estos días no hay mejor sitio en esta ciudad para ver magia que el rectángulo de juego del estadio Olímpico cuando juega el Caracas FC. La sonora y ya acostumbrada bienvenida que bajó de la grada al momento de la salida de los jugadores del Rojo, se convirtió en el preludio innegable de que se venía una tarde de fantasías, de sorpresas y de aplausos. Una tarde de magia, de magia futbolística.
Y comenzó entonces el acto estelar de la tarde. Peña que recibe un balón en la mitad de la cancha, la defensa visitante que ignora por completo que en ese momento la magia del campo está codo a codo con el camisa 10 del Caracas, le cede un espacio vital al minuto 27 y el merideño que pronuncia las palabras mágicas: dos pasos con el balón al pie y latigazo al ángulo izquierdo del portero que viola por enésima vez las leyes de la física. Balón contra las redes y estruendo en el soberano. 1-0 gana Caracas y la magia que se abraza con su público.
Desde allí, el ambiente fue otro. La magia que comenzó a reinar en el campo se fue extendiendo paulatinamente a la grada. Y entonces se produjo lo inevitable: ya el cuadro visitante no jugaba solo contra once jugadores, ya la cuestión era contra 13.000 personas que no hicieron silencio ni un solo momento en esa orgía de magía, fantasía, trucos, gritos, cantos, sonrisas y aplausos en que se convirtió lo que empezó como un simple juego de fútbol. Y es que no hay otra forma de vivir el fútbol en esta ciudad, definitivamente.
Y la grada que pide magia y el equipo que se empeña en fabricarla. Y de nuevo el mago Peña, que ayer llevó la batuta de la orquesta casi toda la tarde, sacó una del sombrero, dejó desparramada a su marca en el medio campo, avanzó hasta pisar el área rival y toquecito de crack a Cabezas para que éste definiera a un lado del portero. 2-0 al minuto 33. Sólo dos minutos después, Alexander Gonzalez, que no está dispuesto a que Peña monopolice la magia de la tarde, se inventa la suya propia, aguanta la carga fuerte de Vizcarrondo en la marca, y ya cuando todos pensaban, incluyendo al Vizca, que Gonzalez no alcanzaría a la caprichosa en su carrera, volvió en su socorro la magia. Alexander no sólo que llega al balón, sino que alcanza la suficiente potencia para llegar al fondo del área y dársela en el pie a Josef Martínez, quien sólo tiene que empujarla al fondo de la red. 3-0 y el juego está liquidado.
No obstante, la magia no estaba dispuesta a dejar las cosas tal como estaban al término del primer tiempo. Salió con bríos renovados a jugar sus segundos 45 minutos, y de nuevo se juntó con Angelo Peña, su consentido de ayer, para a los 53 minutos hacer su mayor travesura de la tarde: balón que sale de los pies de Peña y las 13.000 almas en Ciudad Universitaria que ven un simple centro al área oriental. Pero aquí vino de nuevo la magia para transformar ese centro en un tiro directo al ángulo imposible del portero Ojeda. Cadencia de las redes de nuevo al tener contacto con su amado balón. Locura en la grada e incredulidad en la visita. 4-0 arriba el Caracas.
El cierre del acto de magia lo brindó Cabezas, al convertir un penalty al estilo Panenka que exasperó la impotencia de los visitantes traducidas en insultos por lo que ellos consideraron una falta de respeto por el modo de cobrar. Vamos, parece que ahora la magia debe ser execrada de los campos de fútbol, según los jugadores del cuadro oriental. 5-0, con Panenka transportado por arte de magia al Olímpico de Caracas.
Rentería maquilló un poco las cosas para la visita, dejando el definitivo 5-1 final. Al término de los 90 minutos, en el cierre definitivo del acto de magia, un público entregado despidió con vítores a sus jugadores, en franco agradecimiento a tan alegre jornada brindada, jornada de cantos, de goles y de buen fútbol.
Y claro, de magia, de autentica magia futbolística, porque en definitiva, nada como una tarde de magia en el Olímpico.
La magia está en todos lados, dicen los expertos. Y no se equivocan, ciertamente, por algo son expertos. En la tarde de ayer, alrededor de 13.000 almas reunidas en el Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria volvieron a ratificar el carácter onmipresente de áquella.
Y es que no otro epíteto se le puede dar a lo observado y vivido ayer en el coso de Villanueva. Un perfecto y completo acto de magia se fue desarrollando paulatinamente ante los ojos de todos los presentes al coliseo moderno de nuestra época, la cancha de fútbol, en el juego, o mejor dicho, en la lucha a muerte entre el gladiador rojo de la capital, el Caracas FC, y el gladiador venido de tierras mas orientales, el Deportivo Anzóategui, jugándose nada más y nada menos que la vida en el cada vez más agonizante Torneo Clausura de la Primera División del fútbol venezolano.
Una primera parte del acto de magia vino dado de manera inconsciente e involuntaria por demás, por parte de la marea humana ataviada de rojo y negro que se acercó al estadio a apoyar al equipo de sus amores. Y es que el observar el río de gente entrando y fluyendo a través de las añejas puertas de acceso del estadio, con banderas, con franelas, con gorras, bufandas y cualquier cosa que los identificara con el Rojo de la capital, presenta para los que están viendo éste fútbol desde hace tanto tiempo, todas las características de un gran acto de magia de parte de ésta ciudad que hasta hace no más de cinco años, ni se acordaba que tenían un gladiador que domingo a domingo dejaba su sangre y su sudor por ellos en cualquier cancha de esta Tierra de Gracia.
Pero la magia no se quedó allí. Porque en realidad ese torrente humano vestido de rojo y negro no venía con ninguna intención de dejar en ridículo una vez más a las leyes de la naturaleza. Al contrario, ellos venían a ver magia, ellos querían abrir su boca de par en par y aplaudir a rabiar. Querían sorpresa, querían que les alegraran la tarde.
Y el que busca definitivamente encuentra, porque por estos días no hay mejor sitio en esta ciudad para ver magia que el rectángulo de juego del estadio Olímpico cuando juega el Caracas FC. La sonora y ya acostumbrada bienvenida que bajó de la grada al momento de la salida de los jugadores del Rojo, se convirtió en el preludio innegable de que se venía una tarde de fantasías, de sorpresas y de aplausos. Una tarde de magia, de magia futbolística.
Y comenzó entonces el acto estelar de la tarde. Peña que recibe un balón en la mitad de la cancha, la defensa visitante que ignora por completo que en ese momento la magia del campo está codo a codo con el camisa 10 del Caracas, le cede un espacio vital al minuto 27 y el merideño que pronuncia las palabras mágicas: dos pasos con el balón al pie y latigazo al ángulo izquierdo del portero que viola por enésima vez las leyes de la física. Balón contra las redes y estruendo en el soberano. 1-0 gana Caracas y la magia que se abraza con su público.
Desde allí, el ambiente fue otro. La magia que comenzó a reinar en el campo se fue extendiendo paulatinamente a la grada. Y entonces se produjo lo inevitable: ya el cuadro visitante no jugaba solo contra once jugadores, ya la cuestión era contra 13.000 personas que no hicieron silencio ni un solo momento en esa orgía de magía, fantasía, trucos, gritos, cantos, sonrisas y aplausos en que se convirtió lo que empezó como un simple juego de fútbol. Y es que no hay otra forma de vivir el fútbol en esta ciudad, definitivamente.
Y la grada que pide magia y el equipo que se empeña en fabricarla. Y de nuevo el mago Peña, que ayer llevó la batuta de la orquesta casi toda la tarde, sacó una del sombrero, dejó desparramada a su marca en el medio campo, avanzó hasta pisar el área rival y toquecito de crack a Cabezas para que éste definiera a un lado del portero. 2-0 al minuto 33. Sólo dos minutos después, Alexander Gonzalez, que no está dispuesto a que Peña monopolice la magia de la tarde, se inventa la suya propia, aguanta la carga fuerte de Vizcarrondo en la marca, y ya cuando todos pensaban, incluyendo al Vizca, que Gonzalez no alcanzaría a la caprichosa en su carrera, volvió en su socorro la magia. Alexander no sólo que llega al balón, sino que alcanza la suficiente potencia para llegar al fondo del área y dársela en el pie a Josef Martínez, quien sólo tiene que empujarla al fondo de la red. 3-0 y el juego está liquidado.
No obstante, la magia no estaba dispuesta a dejar las cosas tal como estaban al término del primer tiempo. Salió con bríos renovados a jugar sus segundos 45 minutos, y de nuevo se juntó con Angelo Peña, su consentido de ayer, para a los 53 minutos hacer su mayor travesura de la tarde: balón que sale de los pies de Peña y las 13.000 almas en Ciudad Universitaria que ven un simple centro al área oriental. Pero aquí vino de nuevo la magia para transformar ese centro en un tiro directo al ángulo imposible del portero Ojeda. Cadencia de las redes de nuevo al tener contacto con su amado balón. Locura en la grada e incredulidad en la visita. 4-0 arriba el Caracas.
El cierre del acto de magia lo brindó Cabezas, al convertir un penalty al estilo Panenka que exasperó la impotencia de los visitantes traducidas en insultos por lo que ellos consideraron una falta de respeto por el modo de cobrar. Vamos, parece que ahora la magia debe ser execrada de los campos de fútbol, según los jugadores del cuadro oriental. 5-0, con Panenka transportado por arte de magia al Olímpico de Caracas.
Rentería maquilló un poco las cosas para la visita, dejando el definitivo 5-1 final. Al término de los 90 minutos, en el cierre definitivo del acto de magia, un público entregado despidió con vítores a sus jugadores, en franco agradecimiento a tan alegre jornada brindada, jornada de cantos, de goles y de buen fútbol.
Y claro, de magia, de autentica magia futbolística, porque en definitiva, nada como una tarde de magia en el Olímpico.
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