En toda actividad humana emprendida, siempre resulta inevitable el juicio valorativo que terceras personas realizan sobre la misma. Esto lo aprendemos desde que somos unos mocosos apresados en un aula de clases donde cada uno de nuestros pasos son evaluados de las formas más inverosímiles. Y esta tendencia no se acaba ni siquiera cuando se es un adulto supuestamente responsable y dueño de su vida. Las palabras y frases del tipo de "excelente", "muy bien hecho", "trabajo mediocre" y "aplazado" entre otras, pasan a formar parte, aunque no queramos, de nuestro propio patrimonio dialectico y en función de esto evaluamos desde películas de cine hasta la hamburguesa con queso del carrito ambulante de la calle 8.
En toda esa maraña "evaluativa" a la cual somos tan dados los seres humanos, siempre me llamó sobremanera la atención la frase "Con Honores". Y es que esta frase destaca sobre el resto del conglomerado evaluativo por la sencilla razón de que su sola mención implica un escalón arriba del resto. Por ejemplo, y volviendo al ámbito acádemico, un graduado "Con Honores" es sencillamente un personaje fuera del promedio, un talento que escapa más allá del simple conocimiento vulgar para colocarse en un nivel superlativo en comparación al resto de sus semejantes. Como contraposición, un graduado "Sin Honores" es alguien que sencillamente se limitó a cumplir con lo exigido pero sin ir más allá. Sin mucho ruido y seguramente con altibajos logró lo que se esperaba, pero en realidad, sin dejar nada que resaltar, por lo menos desde el punto de vista de la sagrada "evaluación" de los entendidos.
Y que mejor ejemplo para describir, en dos platos, lo que fue hoy el Caracas en el enfrentamiento dominical que, por la quinta jornada del Torneo Apertura lo enfrentó con el Atlético El Vigía en el maltratado césped del Olímpico de la UCV.
Porque eso fue el Rojo de la capital hoy: un equipo que sencillamente se limitó a cumplir el trámite que la historia y las circunstancias del torneo le exigían, pero hasta allí. No hubo mayor ruido y sí muchos altibajos del equipo, pero no obstante la tarea fue cumplida: los tres puntos se quedaron en casa.
Pero de lejos no fue un partido fácil, tal como se planteaba en los papeles antes del pitazo inicial. El Rojo salió dispuesto a poner en su lugar al conjunto platanero apenas el principal Hoyos dió inicio al partido. La tropa de Ceferino Bencomo ejerció durante los primeros veinte minutos una presión infernal a la precaria salida que mostraba el equipo merideño que hacía preveer que los vestidos de amarillo no tardarían en sucumbir a las ansias capitalinas de liquidar el partido lo más temprano posible. No obstante, la visita no se desarmó, y después de tragar grueso durante el inicio del cotejo, pudo de a poco, controlar a la bestia roja que minuto a minuto, fue diluyendóse en sus propias imprecisiones.
Lo intentaron Meza, Aristiguieta, Lucas y hasta un intrascendente Cariaco, pero a medida que transcurrían los minutos la intensidad se fue perdiendo. La visita comenzaba a sentirse cómoda con el balón mientras que a los locales parecía estorbarle. Se sintió la ausencia del capitán Jimenez, alcabala obligatoria en toda jugada ofensiva del Rojo. Hinestroza y Guerra quedaron en deuda en este aspecto.
Para el comienzo de la segunda mitad, más de lo mismo. Un Caracas que se complicaba en su propio accionar y un Vigia que, con sus limitaciones, solo esperaba la propuesta del local para desbaratarlas. Una buena jugada ofensiva del Avileño dejó solo frente al portero visitante a Rino Lucas, pero el uruguayo esquinó mucho el balón y el mismo pasó rozando el poste derecho de los merideños.
Sin embargo, como el típico estudiante que se las arregla para pasar el examen así sea con un diez, el Rojo de la capital encontró en una jugada aislada la nota para pasar la difícil prueba a la que se enfrentaba. Jugada del Chiki (no podía ser otro) por la derecha, Aristiguieta que hace el desmarque perfecto dentro del área para recibir el pase del compañero y listo. El Colorado remata un poco mordido pero suficientemente esquinado para que el balón bese las mallas del arco norte del Olímpico y a otra cosa. Gol del Caracas y tres puntos más para las alforjas.
El resto del partido fue más de lo mismo. Ninguno de los cambios en los equipos alteró suficientemente el trámite. Solo para destacar que el Rojo pasó aprietos en los últimos 3 minutos del partido pero hasta allí. El árbitro que hizo sonar los tres pitazos finales y el Caracas que queda puntero del torneo junto con el Anzóategui, ambos igualados a 13 puntos. Y todavía Baroja con la valla invicta en este Torneo Apertura.
Eso fue el Caracas hoy, un equipo de altibajos, sin mucho que destacar en su funcionamiento colectivo. Buen juego como siempre del Chiki y la buena noticia de que Aristiguieta sigue anotando. De resto, mucho por mejorar, si se quiere dejar de ser un simple equipo que haga el trámite y se pase a ser un equipo que destaque sobre el promedio, si es que esa es la intención al final. Si es que se quiere ser consistente con el peso de esta camisa y con su historia.
Si no, siempre se podrá ser un equipo más del montón, un equipo "Sin Honores".
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